martes, 28 de febrero de 2017

sábado, 25 de febrero de 2017

REUNIÓN DE PAISANOS










Se esta bien entre paisanos de Conquista.
Cuando una vive tan lejos del pueblo es bonito juntarse de vez en cuando y recordar aquellos años vividos en la niñez. 
La reunión ha sido en Morata de Tajuña. Un municipio de la comunidad de Madrid. Nada tiene que ver con nuestras raíces,  pero no ha importado para pasar un día muy agradable todos los que allí hemos estado.
Aunque es un pueblo bonito y con mucha historia. A veces el lugar y la comida no son tan importantes como la compañía.

Ojalá podamos reunirnos muchos años más.
Gracias paisanos por ese cariño que nos demostráis a mi familia y a mí. 

 
Rafaela.

martes, 14 de febrero de 2017

¿RECUERDAS?



                                     


Recuerdas cuando nos vimos?
Recuerdas aquellos días?
Tu mirada y mi mirada.   
Miradas entrelazadas
 tejiéndose lentamente
 mil maneras de sentir.


Recuerdas como se graba
el sabor del primer beso.
Como se paraba el mundo
en aquella conexión,
rodeando mi cintura
con tus manos abrazadas
susurrando en el silencio.
Y yo, aprendiendo a quererte.


Recuerdas como pasó el tiempo
sin a penas darnos cuenta,
Breves y ansiados momentos
nos llevaron donde estamos.
A nuestro amor recordado
deseado y añorado.


Rafaela.

sábado, 11 de febrero de 2017

UN CUENTO CON MORALEJA







A un hombre le destinaron de medico a un pueblo pequeño y tranquilo.

Unos días antes fue a visitarlo para conocerlo y charlar con su gente haciendo preguntas a diestro y siniestro. Acercándose a un grupo de mayores que estaba en la plaza les pregunta. Acaban de mandarme a este pueblo, pero antes de decidirme al cambio quisiera saber como es la gente de aquí. En el pueblo de  donde vengo no se puede vivir, no hay ni una  persona buena,  en el tiempo que he estado allí, me pase los días discutiendo con todos los pacientes. Desde el alcalde, hasta el cura, el barrendero o el enterrador. Todos son unos sinvergüenzas e incultos. Vamos ya le digo inaguantables.

Un viejecito que le había escuchado con mucha atención le dijo. Amigo, seria mejor que se marchase cuanto antes. Aquí somos peor  que  lo que usted cuenta. No se salva nadie, porque además somos muy brutos y cuando tenemos que discutir. Los jóvenes la emprenden a puñetazos y los mayores ayudamos con el garrote.
El hombre no se paró a escuchar mas, se fue con mucha prisa y sin decir adiós.

A los pocos días llegó al pueblo otro medico. Venia el hombre muy apenado y al preguntarle que le pasaba les contó el motivo. Miren vengo destinado a este pueblo un poco forzado porque la profesión me obliga, y dejo con mucha pena el destino anterior. Allí la gente es maravillosa, les cogí mucho cariño a todos, y ellos a mí. Son humildes, sencillos y cariñosos. Ya les digo que me mi obligación era venir, y por eso estoy aquí, pero les he dejado con mucha pena.

El mismo viejo que le  escuchaba, le dijo al momento. No tenga pena buen hombre. Aquí encontrará lo que busca, personas amables, dispuestas a colaborar en todo lo que sus vecinos necesitan, y desando conocerle para darle la bienvenida y desearle que se encuentre a gusto entre nosotros. Y terminó diciéndole.

Si usted viene ofreciendo bondad, bondad encontrará.

                                       

Este cuento lo escuché una vez y no recuerdo donde, ni se el titulo. Pero como observareis tiene su moraleja.
Si alguno lo conoceis me gustaria me dijerais el titulo.


Rafaela.




jueves, 2 de febrero de 2017

LA ABUELA JOSEFA






La abuela Josefa era extremeña. Una mujer “Jaquetona” – Guapa, alta y fuerte-. La recuerdo siempre muy bien peinada con el pelo recogido en un moño a la altura de la nuca. Vestida con un hábito de la virgen del Carmen de color marrón y un cordón del mismo color atado a la cintura. Una virgencita de alfiler a la altura del pecho. No recuerdo que fuera mujer de rezos ni de ir a misa. Pero aquel hábito debía de ser una promesa hecha, y siempre iba vestida con él. Además  no le faltaba nunca su delantal de grandes bolsillos para reservar el hábito del trajín de la faena de la cocina.

. Siempre estaba en aquel cortijo. Solo de vez en cuando salía para comprar al pueblo. Si en esos días estaba yo con ella, me tocaba acompañarla subida a la burra -Que más que burra parecía una mula grande-. Recuerdo el vaivén de su cuerpo al mover sus grandes patas, las movía sin prisas pero segura, me gustaba aquella enorme parsimonia que tenia al caminar. La misma tranquilidad con la que rumiaba la hierva cuando comía, moviendo los labios del hocico de un lado a otro, enseñando sus grandes dientes.

La abuela era sorda, muy sorda. Tanto que una vez mi padre que trabajaba con un camión se la encontró subida a la burra- que al parecer la burra también era sorda, porque no se inmutaba con ningún ruido y seguía su caminar tranquilo- Fue siguiéndola bastante tiempo y tocando la  bocina de vez en cuando. Pero nada, la abuela no oía el fuerte sonido del claxon. Tuvo que parar el camión,
acercarse hasta ella, y tocarla en la  pierna para que advirtiera su presencia.

De las abuelas se guardan muy buenos recuerdos. Es mi caso por pasar largas temporadas con la abuela Josefa en el cortijo. Algo que nunca se me olvidará, es aquella voz algo ronca y característica que ponía al cantar una nana. Hacia un ronroneo melodioso muy suave, que unido a la bonita letra de la canción y el vaivén de sus brazos, les daba un relax e  inmediatamente  quedaba dormido el  pequeño que tuviera en  ese momento en  su  alda - como ella decía-

Me encanta recordar algunas palabras de su vocabulario extremeño.
Anda “Chacho” pasa del “Lumbrar” que estas “Arricío”.Tráeme un “Misto”y vamos a prender la “Chasca” que “Ogaño” esta la “Orilla” muy fría.
"Prenda"  quítate las manos del “Cuadril” y pasa la “Aljofifa” por el “Alfeizar” de la ventana que va a quedar todo“Percudío”.


Rafaela.