Háblame de los arroyos de su libre discurrir,
de ese agua saltarina, que juega sobre las piedras
que va encontrando a su paso.
De los juncos de la orilla que adormecidos
parecen, guardando esa nueva vida,
que pronto resurgirá con el despertar
del sol.
Háblame de esa dehesa cubierta
toda de encinas, y de ese prado alfombrado
con su verde primavera, de aquellas flores silvestres
que en esos campos florecen.
Háblame de aquella sierra donde crecen los madroños,
dónde su fruto rojizo
parece querer competir con el blanco de la jara
y los colores del brezo.
Hablame de cuánto veas en la naturaleza
y olvídate de todo lo demás.
No me cuentes fallos y maldad
del ser humano, porque eso no es fácil
de asimilar.


Que dociles te han hablado, versos y rimas describen las emociones. La naturaleza es la mejor ventana para asomarnos. Un abrazo
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