sábado, 24 de septiembre de 2016

OTRO OTOÑO MAS

 


Otro otoño que llega y yo sigo aqui, agostada en mi sequía mental.
Por eso repito la entrada del pasado año en este mismo día. Fecha que cumplo la friolera de 68 años. Besos y abrazos para todos los que seguís ahí.   


 




Y llegó con el otoño recién estrenado.

 La hora no tuvo importancia, solo le hablaron del día

  cuando alegraba aquel hogar con su llanto.

En esa época del año cuando el sol se apaga conspirando con pinceles

para pintar los bosque entre rojizos y ocres

cubriendo el suelo con su mullida alfombra



Y fueron cayendo otoños como cayeron hojas del árbol.

Y se acostumbró a sentir los suspiros de la vida

con lagrimas en los ojos lo mismo que el primer día.

Y hoy siente la grandeza en este otoño dorado.

Esta bonita estación que una vez llegada a ella

queremos saborearla  recordando  lo vivido.

Sintiéndonos afortunados de poder contar

lo bueno y malo que nos  haya acontecido

a  nuestro paso por tantos y tantos otoños.  

Al final seguir  aquí es lo que realmente importa.


Rafaela

miércoles, 6 de julio de 2016

EL ARBOL GRANDE





Hoy voy a repetir de nuevo esta entrada publicada en mis comienzos.
 Cuando llega el verano recuerdo con añoranza aquel gran árbol y los días felices de juventud vividos junto a él. Ya hace muchos años de aquello pero no hay nadie de la zona que no recuerde “El árbol grande”


                          El ÁRBOL GRANDE

Todo lo que tengo escrito hasta ahora, sin duda ninguna se nota que son relatos verídicos, al igual que el siguiente aunque empiece como si fuera un cuento clásico.

Había una vez un álamo negro o chopo, que creció feliz durante muchos, muchos años, hasta llegar a ser centenario, con una altura de 30 metros, su inmenso tronco aguantaba sus tupidas y frondosas ramas horizontales, en verano la sombra podía medir 100 metros de diámetro en pleno día de sol.


Junto a una casa de labranza en tierras de Castilla la Mancha y durante toda su larga vida, se ocupo de dar sombra y cobijo a toda clase de pájaros y animales de aquel entorno.
A su sombra, se sentarían también las distintas personas que a lo largo de sus 100 años irían pasando por aquella casa. Cuantas cosas podía haber contado si hubiese podido hablar, tanto de sus años jóvenes que serian felices, como de los últimos de su vida que no debieron serlo tanto.


La casa era grande, con una gran extensión de terreno en los que abundaban las carrascas y monte bajo, por eso también era coto de caza, Los conejos, liebres, perdices y demás animales de la zona, convivían junto con labradores en aquel tranquilo lugar.
Como el sitio tenia su atractivo junto a un rió en cuyo margen se apreciaba una inmensa chopera que delineaba su curso hasta llegar a un lago artificial y unas lagunas creadas por la extracción de arena, convirtiéndose todo ello en un precioso humedal que tiene su encanto para algunas aves acuáticas y pescadores de carpas.


Alguno de sus dueños tuvo la idea de desmontar todo, hacer una urbanización y venderlo por parcelas, de 3.000 metros.
Junto a la casa hicieron un gran restaurante donde se preparaban grandes barbacoas, una gran pista de baile con orquesta para las noches de los sábados y días de fiesta.
Con aquel gran árbol en la puerta y toda la gente que iba llegando, no quedaba duda de que la opción fuese acertada.
Rodeado de grandes jardines repleto de rosales y árboles frutales, manzanos y cerezos, el árbol se hizo famoso para todos los vecinos que llegaron, también para los pueblos colindantes.


Tenía un encanto especial a cualquier hora del día y de la noche, siempre se estaba bien debajo del Árbol Grande.
Debajo de aquel árbol se celebraron grandes acontecimientos, bodas de hasta 300 invitados, bautizos, la fiesta grande a la Virgen de la Cabeza el 15 de Agosto, comidas y cenas de amigos los fines de semana de todo el año, y sobretodo en verano era el punto de encuentro de todos. ¡Nos vemos en el Árbol! decían los vecinos.


Durante mas de 20 años, los jóvenes y no tan jóvenes, disfrutaban de partidas de cartas o sus tertulias, los mas pequeños correteando entre ello con su algarabía sin percatarse que el Árbol Grande se moría, nadie se daba cuenta de que el árbol agonizaba sin poder quejarse, sin poder decir que no aguantaba más aquel trasiego de gente justo encima de sus raíces.


Nunca se supo cual fue la causa exacta. Se cree que fue la grafiosis una grave enfermedad que ataca a los olmos. De nada sirvió que pasaran expertos en el tema, que le pusieran tratamiento con fungicidas, en muy pocos meses se quedo seco y sin vida.
Quizás tenia que suceder así, es difícil que un chopo viva 100 años y este lo consiguió.
Del Árbol Grande solo queda su tronco seco y sus ramas fantasmagóricas, camufladas por una hiedra que intenta aferrarse a el, para así poner algo de vida a aquel que tuvo tanta hasta que lo descubrieron los urbanos para ser testigos de su final
.


Rafaela.

domingo, 19 de junio de 2016

AQUI DE NUEVO



De nuevo aquí, después de mis largas vacaciones blogueras. Entre otras muchas cosas que  ocuparon mi tiempo. -Quizás en otro momento os cuente algo sobre esos días­- También quise probar cuanto podría aguantar sin escribir, sin mirar el blog y claro, sin saber de vosotros. Bueno tampoco ha sido tan difícil, alguna vez he mirado de reojo vuestras entradas. Difícil no ha sido solo que pierde una la costumbre y te vuelves perezosa a la hora de juntar letras o recordar cosas que puedan formar un relato o algo que se le parezca.

Intentaré pasar por vuestros blog y agradeceros vuestras visitas al mío.

Como tenemos el verano a la vuelta de la esquina. Os deseo que disfrutéis de él, lo mejor podáis y nos sigamos leyendo muchos años.



Rafaela.   




De nuevo aquí, después de mis largas vacaciones blogueras. Entre otras muchas cosas que  ocuparon mi tiempo. -Quizás en otro momento os cuente algo sobre esos días­- También quise probar cuanto podría aguantar sin escribir, sin mirar el blog y claro, sin saber de vosotros. Bueno tampoco ha sido tan difícil, alguna vez he mirado de reojo vuestras entradas. Difícil no ha sido solo que pierde una la costumbre y te vuelves perezosa a la hora de juntar letras o recordar cosas que puedan formar un relato o algo que se le parezca.
Intentaré pasar por vuestros blog y agradeceros vuestras visitas al mío.
Como tenemos el verano a la vuelta de la esquina. Os deseo que disfrutéis de él, lo mejor podáis y nos sigamos leyendo muchos años.

Rafaela.   

miércoles, 16 de marzo de 2016

UNA SEMANA SANTA



Todos sabemos de la Semana Santa de Cuenca y la expectación  que ha producido siempre, caso muy distinto  para los pueblos pequeños que muchos de ellos no tenian cura, y más, si estos estaban a gran distancia de la capital y de difícil acceso por su ubicación entre montes y pinares.


Seria  por en el año 77 más o menos. Era Semana Santa y a Don Dimas le destinaban para hacer los oficios a un pueblecito perdido en plena serranía  de Cuenca. Complicada tarea llevaba por delante este buen hombre, este pueblo llevaba años sin cura, por lo que había perdido sus costumbres religiosas. A los vecinos que quedaban  se les habían olvidado, y a los paisanos  que volvían al pueblo en esos días no querían saber nada de la Iglesia ni de Santos, lo mejor era pasar el rato con los amigos y conocidos  en los dos únicos bares que quedaban en el pueblo.


Como otros años Don Dimas no estaría solo, le acompañaban cuatro matrimonios amigos, que junto con sus niños llegaron la tarde de aquel jueves Santo, con la ilusión de pasar unos días en un lugar tranquilo y acogedor en aquel pueblo perdido pero tranquilo, según parecía a primera vista.


A La mañana siguiente, Viernes Santo,  el Cura y los seis amigos seguidos de los ocho churumbeles  recorrían las calles participando en el Vía Crucis. Nadie más se acercaba a la procesión, nadie  salía de sus casas, solo le seguían con las miradas escondidas  a través de las ventanas y algunos hombres se asomaban a la puerta del bar extrañados de aquellos intrusos que venían a cambiarles su rutina. 


Llegada la tarde del viernes, era el momento de sacar en procesión La Cruz desnuda  y la Virgen de la Soledad, pero nadie acudía a portar el palio. Los forasteros se disponían de nuevo a iniciar la salida de la Virgen, cuando en aquel momento se oyó la voz de algunas mujeres  gritando y sacando a sus hombres del  bar. ¡No puede ser que os de todo  igual! ¡No podéis quedar indiferentes y que no os importe que vengan cuatro hombres de fuera a sacar vuestras imágenes en procesión como si aquí no hubiese hombres! Tocados en su amor propio los hombres corrieron  a la Iglesia para portar las andas de su Virgen y hacer el recorrido por las calles  del pueblo.  


 Así fue como aquellos vecinos terminaron todos  emocionados en una procesión de Semana Santa como las de antaño, y Don Dimas terminó satisfecho con la misión cumplida.


Rafaela




domingo, 14 de febrero de 2016

UN DIA ESPECIAL



De  cualquier fecha
hacen su día especial.
Se citan fuera de casa
como si fueran amantes. 
Forjan encuentros a escondidas
sin tener nada que ocultar.
Solo quieren estar juntos
 para saborear las mieles de juventud
y esos locos deseos
de un amor que les abrasa.
Amor apasionado y salvaje
acompasado por ardientes besos
y manos que acarician
sin reparo al qué dirán.
Todo es como un huracán,
 una fuerza magnética
  que les arrastra uno hacia el otro
igual que el viento mueve océanos. 
  Y su amor aviva la pasión
un día tras otro
como en su primer encuentro. 

Rafaela.

lunes, 8 de febrero de 2016

LA ESCALERA






Aquella escalera guardaba los secretos mejor que nadie. Era solitaria y reservada de la vista de los mayores, por eso era su rincón preferido. Los peldaños eran de cemento que hacían de banco y mesa a la vez, y por ella pasaban las mejores historias de los distintos tebeos de la época,  Roberto Alcázar y Piedrín,  el Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, cuentos de Hadas y Princesas, o de humildes muchachas con esa suerte que solo existía en los cuentos. Al final siempre encontraban su príncipe azul se casaban y vivían felices y comían perdices.

 La escalera también era sitio de reunión de amigas cuando el sol del verano abrasaba en pleno día. Allí se podía jugar  a las cinco chinas,  se hablaba de noches de miedo o  se comentaban los cotilleos de historias pasadas en el pueblo.

Era una escalera muy estrecha, pero al final de ella se encontraba  la azotea, desde donde  se podía llegar a tener  la libertad deseada. Era imposible querer tener enjaulada la mente, al menos la vista se liberaba por unos minutos y  desde las alturas se volaba  soñando con todo lo leído. A la vez  que se  veía  la fuente al final de la calle, el pequeño  arroyo que cruzaba el pueblo,  la torre de la Iglesia, la Estación de tren y  allá a lo lejos la querida Sierra, llena de buenos recuerdos vividos junto a ella.

Rafaela.