martes, 20 de octubre de 2015

AMOR DE ADOLESCENTES

 Esta entrada la publiqué el 20-10-2011 en mi otro Blog.
Como ha sido muy poco vista, la publico de nuevo aqui.

 




Son solo niños, no tendrán aun los trece años pero con sus miradas se dicen todo lo que necesitan para sentir ese revolotear de mariposas en el estomago que les hace felices. No tienen edad, a esa edad solo se sueña, cuando sean mayores ya se dirán todo lo que sus corazones de adolescentes sienten.
Su ilusión es poder cruzarse en la calle y mirarse, solo mirarse, hablar para ellos esta prohibido rompería el encanto de ese amor platónico que sienten uno hacia el otro.

La edad de los juegos ya ha quedado atrás, las ocasiones de encontrarse son pocas, hay que dejar pasar ese tiempo de espera entre la adolescencia y esa otra edad más adulta.

El sale al recreo de la escuela con su bocadillo o bollito en la mano buscando el sol junto a unas portadas verdes que hay en la otra acera, sin prisas, saborea el tente en pie de media mañana. Puede que tenga sus problemas típicos de estudiante, pero esos veinte minutos se siente feliz, porque intuye que desde alguna ventana no muy lejana (aunque no se deje ver). La niña le observaba, anhelando que ese rato se alargue el mayor tiempo posible, deseando que él, en cualquier momento dirija la mirada hacia la ventana y así ella imaginar que la esta buscando, que quiere verla una y otra vez como ella a él.

A la muchacha nunca antes la miraron de ese modo. Hasta ahora todo para ella habían sido complejos. Es la edad del cambio, piernas flacas y larguiruchas, pelo lacio y color no muy definido, de un castaño oscuro y feo, no le gustan sus vestidos, lo que no ayuda mucho a que se pueda sentir bien. ¡Solo esa mirada tan especial la hace sentir la mas bella del mundo!
Uno y otro los mismos sentimientos, los mismos deseos, sin acabar de entender lo que les pasa, pero creyendo tener claro que se gustan y quieren estar juntos.

Cuando por fin un día se deciden a hablar, cuando se sienten cerca y se miran de frente, todo ese cuento de hadas se desvanece. Solo hacen falta dos palabras para entender que ni aquella mirada era tan especial, ni lo que tienen que contarse es tan mágico como lo habían forjado cada uno en su imaginación.
Con cierto desconsuelo se separan sin ni siquiera decirse adiós, cada uno por su lado con cierta pena por haber despertado de aquel bonito sueño.
Eran solo ilusiones idealizadas.
¡Simplemente es un amor de adolescentes! 


Rafaela.

lunes, 12 de octubre de 2015

IMAGENES OTOÑALES







Llegas una tarde esperando ver una puesta de sol, de esas  que nos ofrece el otoño aunque la tarde sea algo gris. Eso sí, llegas dispuesta a captar con la cámara todo lo que encuentras a cada paso,  en cada minuto y la tarde se transforma en magia por momentos. El lugar no parecía tan espectacular cuando llegamos. Pero las  imágenes demuestran que lo más simple nos puede ofrecer bellos momentos.

Para todos vosotros que seguís acompañándome. Muchas gracias con mis abrazos.
 
Rafaela.

jueves, 24 de septiembre de 2015

LLEGÓ CON EL OTOÑO



                


Y llegó con el otoño recién estrenado.

 La hora no tuvo importancia, solo le hablaron del día

  cuando alegraba aquel hogar con su llanto.

En esa época del año cuando el sol se apaga conspirando con pinceles

para pintar los bosque entre rojizos y ocres

cubriendo el suelo con su mullida alfombra



Y fueron cayendo otoños como cayeron hojas del árbol.

Y se acostumbró a sentir los suspiros de la vida

con lagrimas en los ojos lo mismo que el primer día.

Y hoy siente la grandeza en este otoño dorado.

Esta bonita estación que una vez llegada a ella

queremos saborearla  recordando  lo vivido.

Sintiéndonos afortunados de poder contar

lo bueno y malo que nos  haya acontecido

a  nuestro paso por tantos y tantos otoños.  

Al final seguir  aquí es lo que realmente importa.


Rafaela




domingo, 20 de septiembre de 2015

ADIOS MADRID




 Estaba tan acostumbrada a ti que
jamás imaginé no echarte de menos.
 Siempre pensé que  sería difícil tener que decirte adiós,
pero no ha sido así, me ha sido fácil vivir en la distancia.
Aunque  te confieso que aun te sigo soñando, y
me hubiera gustado saber pintar tus atardeceres,
 porque  al admirar tu inmensidad en la noche
siempre me pareciste inigualable con esa luz que desprendes nada mas caer la tarde, me gusta esa exuberante capacidad que tienes  para acoger  a tu gente.
 
 Mas aquí he descubierto que sigue existiendo un cielo
todo repleto de estrellas con  brillo de un viento  nuevo.
Hay noches de luna clara que permiten emociones.
Amaneceres que auguran mis horas de  reflexiones
 y días de plena calma cuando la vida es pausada.




 Al final de estos pensamientos
recuerdo la famosa frase.
“No  solo somos de donde nacemos si no de donde pacemos”

Rafaela

lunes, 14 de septiembre de 2015

EL RATONCITO PEREZ. Para Diego.



                                   
                

Mi pequeño Diego: Hoy te voy a contar un cuento,  pero como hago siempre te lo contare a mi manera, para que dentro de unos años lo sepas traducir y leérmelo en chino.
                           

El ratoncito Pérez fue creado en el año 1894 por el jesuita Luis Coloma y dedicado al Rey Alfonso XIII que era un niño de ocho años.
 El pequeño Rey era un niño como tú y cuando perdió su primer diente no tenia consuelo al notar que por el hueco que le había dejado se le escapaba el aire al hablar. 

Pero aquella  noche tuvo la visita de un simpático ratoncito que llevaba gafas y un sombreo de paja, le contó que vivía en una panadería cercana a su Palacio, se llamaba Pepito Pérez y  era el esposo de la ratita presumida, aquella que decía “Hago muy requeeetebien por que tu no me lo das” que tanto  te gustaba escuchar cuando eras mas niño. Porque ya no eres tan pequeño, desde ahora te convertirás en un  hombrecito, aunque tengas que aguantar por un tiempo estar mellado, pronto tendrás un diente nuevo y más bonito.

  El ratoncito Pérez  se hizo amigo de niño Rey  y haciéndole  una caricia con su rabito en la nariz, le convirtió  en ratón como él, y juntos se fueron los dos  por las alcantarillas del viejo Madrid, hasta llegar a todas las casas de los niños que como tú se les había caído un diente, recogiéndolos y dejándoles a cambio su regalo. 

Fue así como llegaron a la humilde buhardilla de Gilito y su madre.  El pequeño Rey al verles tan pobres, se llevó el diente y a cambio le dejó  debajo de la almohada una moneda de oro.
Gilito al despertar le enseñó a su mama la moneda y los dos  se pusieron a dar saltos de alegría. Con ella pudieron comprar algo de comida y unas mantas para no pasar frio.

Así es como poco a poco, iras cambiando tus dientes hasta tener una dentadura nueva, y cada vez que el Ratoncito Pérez te deje un regalo debajo de la almohada, recordaras la historia de aquel niño tan pobre que pasaba hambre y frio hasta que lo visito el niño Rey convertido  en ratoncito. 

Un beso grande de tu abuela Rafi.