Ya los quise cuando nadie les hacia caso, siempre pensé,
que por ser humildes no había que despreciarlos.
¡Son invasores me decían, se
apoderan del terreno y no hay quien pueda con ellos! Es cierto que cada día el
terreno que ocupan es mayor, pero no me importa Mi tesón y capricho por los lirios me hacen
disfrutar cada primavera de su precioso colorido
y aroma. Aunque es una pena, no siempre llego a tiempo de verlos en plena
floración.
No necesita grandes cuidados, es una planta agradecida que ofrece su
mejor atractivo a cambio de muy poco.
Dicen que dan
suerte, por eso desde que los tengo nunca me faltó el lado positivo de ver la
vida.
Siempre agradecida
por vuestras visitas y comentarios. Besos y abrazos.
Como
siempre los cipreses se veían bastante
antes de llegar. No era un cementerio muy distinto a los demás. Por
mucho que los adornen no hay un lugar más triste que un camposanto.
Muy cerca de allí estaba también el Tanatorio,
y en la sala 21 estaba él, de cuerpo presente acompañado por sus seres queridos.
Cada uno sintiendo la pena a su manera.
Como otras muchas cosas que se hacen por
tradición, tocaba acompañar a la viuda para darle el pésame por la perdida de
su ser querido.
A
nadie más conocían. Solo a la mujer y sus dos hijos que seguían comentando
anécdotas de toda una vida junto a su padre.
La
esposa solo hablaba del buen aspecto, que le parecía ver a su difunto esposo a pesar
de haber tenido una larga enfermedad. ¡Parece dormido! Que bueno ha sido para
mí. Como le echaré de menos. Enrique era bueno para todo el mundo, era
servicial para todo el que lo necesitaba y todos le querían. Mirad las coronas
que ha recibido de amigos y compañeros como muestras de cariño.
Un
pequeño revuelo denotaba que había llegado la hora de salir de la sala para
acompañar el coche del difunto en su último recorrido.
Llegaron
los primeros a la entrada del cementerio – Eso creyeron ellos- Una pequeña
capilla. Un sacerdote en la puerta decía un responso y las últimas palabras de
despedida a todos los coches fúnebres que se detenían como si tuvieran que
pagar un peaje de autopista en su último viaje.
¡Decimos
a dios a nuestra hermana Gerbasia… -Esta claro que este no es el coche- Será el
siguiente…
Tampoco
aquí se veía a la viuda de Enrique!
Dejando pasar algunos coches más, con un
intervalo de un cuarto de hora cada uno, deciden marcharse. Entendieron que habían
equivocado la que seria la ultima morada de Enrique.
Eran los años sesenta
cuando sonaba esta canción. En la edad de la adolescencia imaginando amores y príncipes me encantaba escucharla,
incluso cantarla imitando a Dusty Springfield poniendo toda la fuerza y el
sentimiento que podía. Que tiempos...
Cuando estamos a un paso de entrar en la primavera sigo
hablando de los pájaros que empiezan a invadir los campos en plena ebullición.
Aunque seria imposible describir el canto de todos, en esta entrada
dejo sentir el trino y comportamiento de los más conocidos.
Así puede ser un día
cualquiera del mes de agosto en pleno campo.
Recopilando entradas.
No es que me haya vuelto ornitóloga, solo que sin más remedio tenía que hablar de mis vecinos los pájaros. Resulta de lo más entretenido y divertido observar estas pequeñas aves tan variopintas que parece que encuentran su paraíso en ese pequeño terreno. Allí todos conviven en buena armonía.
En este lugar se dan cita todos cuando los arboles se empiezan a
llenar de hojas. No solo están los ya mencionados Mirlos, también se
escuchan los sonoros silbidos de la Oropéndola. Digo se escuchan,
porque a este bonito pájaro es muy difícil verle, ya que se posa en
los altos y frondosos chopos y aunque tiene un plumaje muy vistoso en el
que predomina el color amarillo en el macho, y un tono verdoso en la
hembra, se camufla entre las hojas y solo se le ve cuando se mueve con
un vuelo alto, rápido y largo hasta los árboles vecinos. La Oropéndola
pasa por mi jardín dos veces al día, una por la mañana y otra a
última hora de la tarde. (Hace como si de una visita rápida se
tratara). Siempre viene la pareja uno detrás del otro, alegran con
su canto como media hora y se marchan tan rápido como llegaron,
volviendo a pararse en los arboles mas altos que encuentren, saludando a
todo el que quiera escucharlos. Esta ave se encuentra como especie
amenazada.
El Ruiseñor suele llegar en Abril y cada año ocupa el mismo nido donde
crio por primera vez, puedo decir que es un vecino habitual y el más
apreciado que tengo hasta el otoño, por su hermoso canto esta
considerado como el rey de los pájaros cantores, parece no tener
descanso, en época del apareamiento se les suele oír hasta altas horas
de la noche. El nido lo tienen en arbustos bajos y frondosos, casi a
ras del suelo, como por ejemplo en el romero, hiedra, o aligustre.
Es un ave pequeña y por lo tanto también es muy difícil de ver.
En
un chopo seco, hizo su nido el Pájaro Carpintero, algo ruidoso hasta
que termina de hacer el agujero que le lleva su tiempo. Suena como una
especie de tamboreo repetitivo toc, toc, toc al golpear con el pico el
viejo tronco. Suele taladrar a primeras horas del día, y para verlo hay
que armase de paciencia, una vez terminada su labor, es silencioso,
entra y sale muy rápido del hueco que utiliza para anidar de noche.
También
esta la Tórtola que hace su destartalado nido, con cuatro palos mal
puestos en las primeras ramas de un chopo, siempre a poca altura. Se
puede ver la pareja junta hasta que tienen los huevos a partir de ese
momento, uno de los dos estará en el nido mientras que el otro vigila
desde un sitio alto, se pasa horas sobre la antena de la televisión y en
las horas estivales del día, cuando todos los pájaros callan, se
escucha su cansino y ronco ronroneo, rourr-rourr-rourr (La podemos llamar la vecina pesada, charlando en el patio a la hora de la siesta).
Tenemos
el noctambulo Cuco, imposible de localizar porque su actividad es
siempre de noche, solo podemos identificarlo por su inconfundible canto
pausado cu-cu, cu-cu. Esta ave canta cuando todos duermen, es una de
las primeras aves que nos anuncia la primavera, se le puede oír a
partir de la media noche durante una o dos horas.
No puedo olvidarlos bulliciosos y multitudinariosGorriones.De todos mis vecinos, son los que más trabajo me dan por lo que ensucian,ellos sonfijos, no se marchan nunca, les encanta la presencia del hombre, aquí crían su numerosa prole año, tras año. El Gorrión juntoconla gruñona Urraca (que siempre parece estar malhumorada y peleando con alguien) pasan los inviernos sin temerle a las tremendasheladas de estastierras de Castilla La Mancha.
Todos ellos se encuentran con el derecho de serlos primeros en probar las cerezas, ciruelas, manzanas o uvas. Sera como premioa no tenerperezaa la hora de brindar sus alegres trinos.